Miércoles, 18 Abril 2012 00:00

La Envidia

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Fernando Diaz-Plaja en su obra “El español y los siete pecados capitales” nos dice que la envida es uno de los más frecuentes y el peor de los pecados, entre los españoles y yo añadiría y entre los hispanoamericanos y sus descendientes. Qué es la envidia, si acaso la podemos definir. Un sentimiento negativo que mezcla el odio y la frustración con los celos, produciendo un cocktail mortal que enferma y envenena el alma del envidioso.

Este último quisiera ser como el envidiado, pero como no puede, desearía su fracaso o destrucción, y en ese estado de ánimo puede actuar y reaccionar buscando la forma de afectar a la persona envidiada o también al objeto o cosa envidiada.

Si pues, aunque parezca contradictorio, también las cosas y objetos son sujetos de los ataques de los envidiosos que ni siquiera conocen al dueño o autor del objeto. Cuantas veces no hemos visto hermosos vehículos o propiedades rayados, agredidos por envidiosos que sienten rabia de no poseerlos.

Hay un refrán que dice: “La envidia del amigo, es peor que el odio del enemigo”. En ello se resume la intensidad y perversidad de este sentimiento.

Hay quienes piensan que la envidia es un halago para el envidiado, pues es un reconocimiento tácito del mérito o éxito de este. Puede ser así, pero es un halago con una enorme carga negativa, siendo todo lo opuesto a la admiración y el respeto. Existe también la envida colectiva, hay envidia entre pueblos, ciudades, gobiernos, equipos, instituciones, etc. Ello genera confrontaciones, afanes de destrucción y toda clase de hechos reprobables. Muchas de las acciones y actitudes de ciertos políticos están generadas por la envida y al atacar a sus adversarios envidiados quieren y buscan destruir o desprestigiar su obra, su comunidad, ciudad o país.

Como se puede concluir la envidia es un camino hacia la frustración, los complejos, los odios que destruyen y enferman al envidioso y no necesariamente afecten o sean conocidos por el envidiado.

Hay envidias entre pueblos, razas, religiones, etc., en diversas formas de expresión e intensidad de sentimientos.

Pero también decimos sentir una “sana envidia” y esto quiere decir que sentimos y deseamos ser como lo envidiado sin la carga y connotación negativa, lo que se podría traducir en admiración y deseo de emular lo envidiado, pero con la fuerza e intensidad que genera la envidia.

“La envidia es un veneno mortal, sin antídoto conocido, que mata lentamente al envidioso.”

Reflexiona si acaso estas envenenado o conoces quien lo este, busca el antídoto y si lo encuentras déjanos saber.

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