Miércoles, 25 Noviembre 2015 17:45

Entender el Islam

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Por ello, me permito compartir con los lectores mi reflexión sobre el tema, que parte de una experiencia de vida y de varios estudios y análisis que realicé hace cerca de 40 años para concluir con lo que a continuación expongo.

En la década de los setenta del siglo pasado, viví cerca de 10 años en España y, por razones profesionales de trabajo, tuve que viajar a muchos países de África, el Medio Oriente y por supuesto Europa, desde Madrid, ciudad de mi residencia permanente.

Eran los años de la creación de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), por lo cual los precios del petróleo aumentaron significativamente, dando grandes ingresos a los países islámicos y árabes, quienes transformaron sus países, además de las relaciones de éstos con Occidente.

Como ejecutivo responsable de la empresa de comercio exterior me correspondió abrir los mercados a los productos industriales españoles en la región. Eran años de la llamada tendencia de reciclar los petrodólares y todos los países de varios continentes industrializados competíamos para ver quién les vendía más y obtenía los grandes contratos de construcción y obras de todo tipo, que los transformaron en lo que son ahora.

Lo primero que aprendí, gracias al Manual de Inteligencia Comercial Británico, que seleccioné entre varios, es que la noción del tiempo para esas culturas no tiene la connotación de prisas de las nuestras; y por lo tanto, como ejemplo, en los Emiratos Árabes en Abu Dabi, su capital, pasé seis meses antes de lograr el primer pedido de grúas torre para las construcciones.

La segundo recomendación británica, después de la paciencia, fue ganar la confianza del comprador, por la actitud y comportamiento del vendedor, muchas veces más que por el producto.

Para entenderlos más leí muchas publicaciones sobre historia y religión, entre otras.  En base a lo narrado y un poco sorprendido de ver y oír cómo hasta ahora se habla de todo sobre el Islam, sin hacer énfasis en lo esencial. Además de la medición del tiempo: paciencia y de actitud: confianza, ellos sienten y viven el Islam como una identidad de vida, como su ancla cósmica planetaria.

Esto quiere decir que para una mayoría, especialmente para los jóvenes, su sentido de pertenencia y ser es que, antes de sirios, palestinos, saudíes y/o franceses, ingleses, estadounidenses, españoles y otros, son musulmanes, que además en las naciones de su propio origen están divididos, pues fueron zonas tribales y étnicas a las que Occidente les puso límites al igual que a los africanos, en función de otros intereses y no de realidades.

Por ello el Islam es muy fuerte en la conciencia, en su ser y es una herramienta de identidad, una norma de vida, una tabla o plataforma de salvación y su fortaleza de lucha en el mundo.

Esto quiere decir que su lealtad está en primer lugar con el Islam, antes que con cualquier país donde vivan y con ello es que morirán por su creencia, antes que por un país.

Si bien esto no es una visión que abarque al cien por ciento de los musulmanes, si es mayoritaria.

Quizás por no entender esto, la ingenua apertura europea que permitió y subvencionó la educación de los musulmanes en sus países fue y es contraproducente.

Hay que educarlos en los valores, libertades y leyes occidentales para darles bases y soportes de pensamiento crítico, al igual que a los nativos del país, para que puedan por propia evolución superar sus ataduras y obtener sus libertades.

El cambio se dará cuando superemos su eterna desconfianza, sean libres para elegir, vivir y decidir sin condicionamientos del Islam, cuando su lealtad sea con los valores universales de los derechos humanos de la ONU y cuando su religión sea una guía de vida y no una cadena que los aprisione.

No olvidemos que en las mezquitas no hay figuras, son vacías, solo texto.  Ellos trabajan la religión con pensamientos, palabras y sentimientos, son estrictos en sus prácticas y oraciones diarias y en sus normas de sumisión de las mujeres (para mí una forma de esclavitud), trabajan con el miedo y con premios, más allá de compensaciones materiales, machistas, entre otras. Si su religión no evoluciona, como lo hizo el cristianismo, la confrontación será cada vez más inevitable.

Recordemos que otro pueblo a nivel mundial ha sobrevivido miles de años, y hasta hace poco sin tener un país, el pueblo judío, que con su ancla cósmica e identidad y lealtad ha superado increíbles ataques destructivos. Aun cuenta con sectas fundamentalistas, con costumbres similares a las musulmanas, pero al igual que el cristianismo, evolucionaron.

La última reflexión: ¿Conoce usted a alguien que siendo musulmán sea ateo?, yo no.  Pero sí conozco a muchos franceses y de otros países que lo son. Espero que esta última reflexión aclare los conceptos de identidad y lealtad, con otro ejemplo: Para los comunistas, una especie de religión atea, la lealtad no es por un país, es a su doctrina y se propusieron conquistar el mundo, captando a muchos que murieron luchando en otros países, el mejor ejemplo el Che Guevara.

Usted saque sus propias conclusiones.

 

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