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Jueves, 30 Mayo 2013 00:00

Las ciudades y la globalización

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Con matices diferentes y con diferentes grados de complicación y gravedad, la mayoría de las ciudades viven en la inseguridad, los miedos productos del: crimen, la droga, el desempleo, la descomposición familiar, la diversidad racial, religiosa y cultural que demanda a las instituciones públicas acciones y nuevos desafíos y a los ciudadanos a un proceso de adaptación y a unos cambios a los que muchos se resisten y rechazan.

En primer lugar las migraciones externas e internas dentro de un mismo estado o país han cambiado el tejido social de las ciudades y la convivencia de las mismas al tener que convivir con gentes provenientes de diversos orígenes que rompen con sus comportamientos, religiones, alimentación y otras variables, los estilos de vida de los nativos, que además presionan a las ciudades que los acogen a que los acepten como son y modifiquen o creen leyes en todos los campos para su beneficio.

En el mundo occidental, democrático y progresista se desarrollan procesos de adaptación a estas nuevas realidades, muchas veces controvertidos pero dinámicos en el sentido de entender las nuevas realidades. En los países fundamentalistas, por ejemplo, del mundo musulmán, el emigrante deberá someterse a las imposiciones de los nativos, sus normas y procedimientos y no tiene ningún derecho ni oportunidad que se respete su religión y otras características que protegen por ejemplo los derechos de las mujeres.

Estas diferencias crean guetos en las ciudades donde los barrios no se delimitan únicamente por los ingresos y realidades económicas, sino más bien por los orígenes raciales, religiosos y culturales de sus nuevos habitantes. En algunos de estos barrios de las ciudades del mundo occidental hasta la policía tiene dificultad para desarrollar su labor.

Simplificando esta reflexión que tiene muchas más lecturas y variables, considero indispensable  crear un marco jurídico internacional que establezca las normas y leyes de mutuo respeto, cuyo marco limitante principal sea La Declaración  Universal de los Derechos Humanos y luego las leyes de seguridad elementales y de dignidad, como prohibir que circulen con los rostros cubiertos que no permita la identificación y que no vivamos en ciudades  en que los ciudadanos se cubran el rostro como delincuentes. Esta norma regiría las condiciones de reciprocidad y mutuo respeto entre países y ciudades del mundo como un primer paso a una convivencia mundial, pacífica y civilizada.

Es preocupante leer las últimas noticias de agresiones y maltratos a ciudadanos y nativos del mismo mundo árabe, que por ser cristianos son agredidos en los países musulmanes. Esto es inaceptable y la legislación universal propuesta debería considerar acciones y sanciones a los países que toleren o minimicen estos hechos, e inclusive limitar aceptar migrantes de dichos países que tengan antecedentes de estos comportamientos, debiendo ser denunciados en sus propios países y a nivel mundial como cualquier delincuente en otros campos, para los fines que consideraría esta nueva legislación mundial.

Hay mucho más que podemos reflexionar sobre este tema, por ello invito a los lectores a aportar con sus opiniones que enriquezcan los criterios y el debate mundial que debemos abrir sobre esta nueva, inquietante y desafiante realidad para las ciudades y países en el mundo globalizado.

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