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Lunes, 26 Marzo 2012 16:15

Algo para recordar en Navidad

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Todo esto conlleva varios días de carreras a los almacenes, supermercados, ferias y demás ofertas comerciales que se proliferan desde el inicio del mes de diciembre, o en algunos casos, desde mediados de noviembre. Por supuesto, también se proliferan escandalosamente los gastos, las deudas, los compromisos sociales, y muchas otras cosas que nos mantienen estresados, angustiados, preocupados. Pero... ¿qué ha quedado en nuestros corazones del espíritu navideño?

El significado de la Navidad es más que eso. Lamentablemente mucha, pero muchísima gente ha olvidado que se celebra el nacimiento del Niño Dios que vino para redimir al mundo, y que el origen de la tradición de regalar, se basa en los obsequios que los Reyes Magos llevaron al pesebre del Niño, que San Nicolás luego tomó como su obra de ayuda a los niños pobres en la Nochebuena. Ambas tradiciones solo quieren recordarnos que los humanos estamos en el mundo para dar. No exactamente regalos materiales, sino amor.

Amor a los que más lo necesitan: al niño que mendiga un pan en la calle, al anciano a quien nadie lo visita en el asilo, a los niños que se han quedado huérfanos, al inválido que pide limosna, a los que se encuentran en la cárcel, a los niños que yacen enfermos en hospitales y que quizás nunca tuvieron un momento de alegría, un juguete o una golosina navideña. Todos ellos son merecedores de ese regalo. Para todos ellos va ese mensaje que la Navidad conlleva... ¿Te has dado cuenta cómo hace falta en este mundo el amor, la fe, la honestidad, la bondad, la compasión, el respeto y todos esos valores que hemos olvidado practicar?

Ese es el sentido verdadero de la Navidad: es el día de devolver al prójimo el amor que recibimos de Dios, cuando nos envió a su hijo a salvarnos y a enseñarnos a amar.

Dar parte de nuestro tiempo también es amar. ¿Eres capaz de repartir tu tiempo?... no en los almacenes y centros comerciales, sino en los centros del dolor, donde la gente sufre. Entre las personas que se sienten solas, entre los abandonados de la fortuna, entre los enfermos incurables, los ancianos solitarios, los amigos pobres. Entre aquellos que necesitan que alguien arranque una sonrisa de sus labios? Entre los que precisan compañía.

¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste en nombre de la Navidad?

El consumismo trastocó ese sentido de solidaridad, convirtiéndolo en un día en el que todos están obligados a regalarse entre sí cosas materiales…. Mientras más caras, finas y sofisticadas mejor. Te etiquetas como la mejor y más generosa persona si mandas un regalo de altura. ¿Pero hemos pensado que algunas veces, esos hermosos regalos no vienen siquiera de las manos de quien los envía, sino de sus asalariados, llámense secretarias o asistentes?.... Seguramente tú también lo harías alguna vez. Los regalos llevan consigo mensajes del corazón: “te quiero, te recuerdo, estás en mi pensamiento, eres alguien importante para mí”… Entonces ¿qué sentido tiene recibir un regalo de alguien que ni siquiera nos conoce?

Debemos disponernos a regalar lo que los humanos más necesitamos: amor, consuelo, compañía, sonrisas, ilusiones y esperanzas…. Todas ellas, flores del jardín del alma.

¿Qué tienes tú para repartir en esta Navidad?.... No en tus manos, sino en tu corazón?

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