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Viernes, 23 Marzo 2012 00:00

El Miedo I

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Tiene por otro lado una lectura negativa, esta es aquella en la que el miedo nos paraliza, nos frena y domina doblegando nuestra razón e impidiendo nuestra acción. Reflexionemos sobre como sería el comportamiento humano a cualquier edad sin ningún miedo o temor a nada. Viviríamos en un caos total, la ley del más fuerte y en la anarquía. No respetaríamos nada ni tendríamos conciencia, extremando la percepción, del bien y el mal. Los niños no temerían a sus padres y sus sanciones, los alumnos a los profesores, los ciudadanos no respetarían las leyes ni a las autoridades y así sucesivamente. Porque en todo lo expuesto anteriormente, subyace un miedo a una sanción o a perder algo y esto regula de alguna forma los mecanismos que permiten la convivencia.

En otras relaciones, el miedo es un regulador de actitudes. Nos comportamos con nuestras parejas y nuestros amores dentro de unos límites para no herir, perjudicar o perder la relación.

La inseguridad ciudadana en muchas ciudades y países nos hace vivir en un miedo permanente y gastar en seguridades adicionales en viviendas y negocios para así de alguna manera controlar nuestros miedos ante los hechos delictivos y sobre todo para proteger nuestras vidas.

Nuestros comportamientos cambiaron con los miedos originados por el terrorismo, el sida, la gripe aviar, la crisis financiera y lo desastres naturales.

En el trabajo actuamos, controlando comportamientos para poder progresar y no perder el empleo, tememos el fracaso, y el miedo a esto último norma nuestro comportamiento.

Conducimos controlando los excesos en la velocidad y respetando las normas por temor a las sanciones o a perder la vida en accidentes. Limitamos los abusos en campos como la alimentación, la bebida, el sexo, los ejercicios y todo lo referente a nuestro cuerpo y también lo hacemos en lo espiritual, para no enfermarnos en cuerpo y alma.

La muerte y el temor que muchos sienten ante ella hacen que regulemos nuestros comportamientos y muchas de nuestras decisiones. Tenemos miedo a lo desconocido, a lo nuevo, al futuro y a muchas cosas más. El superar miedos insensatos nos hace crecer.

Pero también hay una tercera lectura y esta es la del miedo como instrumento de control, poder y dominio entre los seres humanos. Con miedos se manejan políticos, gobernantes y países, religiones y fieles, padres e hijos y viceversa, parejas, profesores y alumnos y viceversa, empleadores y empleados y viceversa y así en todos los campos incluidos los de amistades y otros.

Solo cuando hemos tomado conciencia de que nuestra forma de vida y los excesos cometidos con la brutal contaminación creada, ante el miedo de la catástrofe global que se nos avecina con un planeta que puede morir y con él nosotros, gracias a ese miedo, estamos reaccionando y tratando de cambiar las cosas.

Quien domina sus miedos dentro de la difícil línea de lo racional, equilibrado y saludable consigue no solo crecer sino aproximarse a la meta de alcanzar la felicidad.

El miedo es necesario pero vivir solo con miedos es una necedad que destruye nuestra felicidad.

Concluiremos diciendo que pensamos que necesitamos del miedo, que vivimos el día a día con él, pero a su vez necesitamos superarlo y vencerlo y en esta contradicción se desarrolla nuestra vida.

¿Usted qué piensa? No tenga miedo en comunicarnos y compartir sus pensamientos.

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