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Jueves, 21 Noviembre 2013 00:00

Planeta Vivo

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GAIA, diosa de la tierra en la antigua mitología griega, es la que ha prestado su nombre a nuestro planeta, la gran madre. Según Lavelock, todo nuestro planeta es un organismo vivo magníficamente dotado para dar a luz las condiciones medio ambientales óptimas para el desarrollo de las plantas y animales.

Esta hipótesis GAIA suponía, sobre todo, poner en tela de juicio la intocable y sacrosanta Teoría de la Evolución de Darwin: A lo largo de la historia la vida se ha ido adecuando a la condiciones del entorno fisicoquímico.

Lavelock proclama justo lo contrario: la biosfera, conjunto de seres vivos que pueblan la superficie del planeta, es la encargada de generar, mantener y regular sus propias condiciones medioambientales. En otras palabras, la vida no está influenciada por el entorno. Es ella misma la que ejerce un influjo sobre el mundo de lo inorgánico, de forma que se produce una coevolución entre lo biológico y lo inerte.

Un ejemplo de lo último lo tenemos con las algas marinas en la regulación del clima. Cuando más calor hace, mejor proliferan las algas. Estas liberan más dimetil sulfuro (DMS), que estimula la formación de nubes. Ello provoca un enfriamiento de la superficie marina, crecen menos algas, producen menos DMS, se forman menos nubes y se vuelve a calentar el agua. (Revista MUY ESPECIAL No. 3, otoño 1990). Esta autorregulación natural de GAIA, planeta vivo, tiene en las acciones del mayor depredador y contaminador del planeta, el hombre, su mayor desafío.

¿Cómo responde GAIA al agresor? A la desforestación con la desertificación, a la contaminación del aire con la lluvia ácida, los agujeros en la capa de ozono, las radiaciones y los cambios de clima; a la contaminación de las aguas con la muerte de la vida, las enfermedades, las plagas y, para ponerlo en los términos actuales, con el cólera por la cólera que le damos.

El hombre aun no comprende ni vive la realidad con su Madre Tierra, olvida que habita en el útero del planeta y que de él se nutre.

Su agresión está obteniendo la única respuesta posible a la destrucción. Somos los humanos cual hormigas voraces que arrasamos con todo hasta quedar en nada y, sobre las ruinas de nuestras acciones, perecer también nosotros.

GAIA está enferma, cansada y para recuperarse y revitalizarse deberá sacudirse y eliminar por miles de millones a las hormigas humanas voraces y destructoras. Sus mecanismos de autorregulación ya están presentes: sequias, inundaciones, desertificación, terremotos, erupciones volcánicas, etc., pero antes de concluir, analicemos solo dos aspectos vitales de como el planeta vivo se autorregula. La salinidad marina es tan esencial para la vida como la neutralidad química. Como es posible que el nivel salino medio no supere el 3.4 por ciento cuando la cantidad de sales que lluvias y ríos que arrastran hacia los océanos cada 80 millones de años es idéntica a toda la actualmente contenida en ellos.

De haber continuado el proceso, el agua de los océanos completamente saturada de sal, habría llegado a ser mortífera. ¿Por qué no lo es? La salinidad ha estado bajo control biológico. GAIA ha servido de filtro invisible para hacer desaparecer la sal en la misma medida que la recibe.

Otro componente vital es el oxígeno. La dosis óptima para la vida en el planeta es de 21%. Un aumento del 4% de este en el nivel atmosférico, pondría al mundo en grave peligro, ya que el 25% de oxígeno, haría que el detritus húmedo del suelo de la selva tropical arda como una tea al caer un solo rayo.

Estos son algunos ejemplos de los cientos de mecanismos de autorregulación, de los que se vale la biosfera para hacer de este planeta un mundo confortable.

La tierra a lo largo de las eras geológicas ha sufrido grandes cambios, incluyendo devastadores choques de meteoritos, el último hace 65 millones de años que acabó con el 60% de las especies de aquel tiempo pero GAIA, el planeta vivo, ha sabido recuperarse.

¿Podría el hombre comprender esto antes de que los mecanismos de autodefensa y regulación del planeta nos destruyan para evitar su propia destrucción?

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